Mandas una foto por WhatsApp y llega hecha un cuadro. Manchas alrededor de las letras, colores lavados, ese aspecto de "en la galería se veía bien, no sé qué ha pasado". La abres tú mismo un segundo antes de darle a enviar y está perfecta. Se la mandas a alguien, te la reenvían de vuelta para preguntarte algo, y ya parece sacada con un móvil de 2013. Pues nada raro ha pasado: WhatsApp la ha comprimido antes de mandarla, y seguramente ya venía comprimida de antes de que tú la subieras.
Por qué pasa esto en realidad
Piénsalo como fotocopiar una fotocopia. Cada vez que se comprime una imagen o un vídeo con pérdida (que es como funcionan JPEG, la mayoría de vídeos, y en general casi todo lo que sale de una cámara de móvil), se tira información que no se puede recuperar en la siguiente vuelta. Si tu foto salió de Instagram, de un reenvío de otro grupo, o de una app de edición cualquiera que ya la guardó comprimida, para cuando la mandas por WhatsApp ya lleva encima dos o tres pasadas sin que nadie se haya enterado. Y WhatsApp le mete la suya propia encima de todas esas.
Con el vídeo el problema es más gordo todavía. Además de comprimir cada fotograma, WhatsApp recorta el bitrate de audio y, si el archivo pesa más de lo que su límite permite (16 MB en un chat normal, algo más en según qué versión), baja directamente la resolución para que quepa. Un vídeo grabado en 4K puede acabar en algo más parecido a 480p sin que tengas ni idea de por qué, ni cuándo pasó exactamente.
Hay un matiz extra si tienes iPhone: por defecto, iOS guarda fotos y vídeos en HEIC/HEVC, un formato más eficiente que el JPEG clásico. Cuando lo mandas a alguien con Android (o incluso a otro iPhone dependiendo de la configuración), WhatsApp lo convierte primero a JPEG y luego lo comprime, así que ahí ya vas con dos conversiones de por medio antes incluso de que el archivo salga de tu móvil.
Nada de esto es un fallo ni un bug que vayan a arreglar en la próxima actualización. Es una decisión tomada a propósito para que el archivo pese poco y llegue rápido a gente con conexiones flojas, en cualquier parte del mundo, a escala de miles de millones de envíos al día. Cuando entiendes que es intencional, entiendes también por qué la solución no va a venir de su lado.
Lo que sí puedes controlar tú
Cambia la calidad de subida en los ajustes. Esto es lo que menos gente conoce y probablemente lo primero que deberías tocar: en Ajustes → Almacenamiento y datos → Calidad de subida de medios, WhatsApp tiene una opción para elegir entre calidad estándar (la que comprime fuerte por defecto) y calidad alta. No es magia ni evita la compresión del todo, pero reduce muchísimo la pérdida en fotos, sobre todo si antes las tenías en "automático".
Mándalo como documento en vez de como foto o vídeo. El icono del clip, no el de la cámara. Ahí WhatsApp no toca el archivo para nada, lo manda exactamente igual que lo tenías. La pega es doble: quien lo reciba tiene que descargarlo a mano en vez de verlo directo en la conversación, y el límite de tamaño para documentos varía según la versión y el sistema operativo (puede rondar los 2 GB en la app de escritorio, bastante menos en móvil). Para fotos y vídeos importantes de verdad, sigue mereciendo la pena.
Comprime tú antes, con criterio, en vez de dejárselo a WhatsApp. Si el archivo ya llega ligero y con buena calidad, la segunda pasada de compresión apenas tiene margen para hacer daño. Puedes hacerlo directamente en el navegador, sin subir el archivo a ningún servidor externo, con nuestra herramienta de compresión.
Si el destino es otro móvil, elige un formato que aguante mejor una segunda compresión. Un WebP parte de una compresión más eficiente que un JPEG antiguo, así que si le meten otra vuelta encima, el daño relativo es menor. Se convierte en segundos con nuestro conversor de imágenes.
Lo que no vas a poder arreglar
Ninguno de estos trucos evita del todo que WhatsApp comprima. Lo que hacen es cambiar el punto de partida: en vez de mandarle algo ya machacado para que lo machaque otra vez, le mandas algo que aguanta mejor esa segunda pasada, o directamente se la saltas mandándolo como documento. Es la diferencia entre llegar regular y llegar decente, que para una foto que de verdad te importa, suele ser bastante.